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VUELO 348 (2019)

Por miranda

En el vuelo de Miami a Managua
Se encontraban quince estudiantes del Northport High School
que iban a Chacraseca en León,
a construir casas de barro,
porque sus queridos padres,
jamás los dejarían ir a Honduras, El Salvador y Guatemala.

Viajaban también cinco mochileros alemanes,
en los que todo el conocimiento del Español
se reducía a decir “ San Juan del Sur”
y “Una cerveza por favor”
lo que junto a la tabla de surfista era más que suficiente.

Diez misioneros evangelistas
en silencio se aferraban a sus biblias
como implorando misericordia,
resignados a enfrentarse
con lo que Dios les ponga en su camino.

Nueve nicaragüenses deportados,
después de pasar cinco años,
en busca del sueño americano
pero recogiendo tomates en las afueras de Pensacola.

Dos Somocistas,
que nunca dejaron de hablar
de la gloriosa Guardia Nacional,
y esperan el retorno triunfante de Tachito,
para que Nicaragua vuelva a ser
El Granero de Centroamérica.

Un piloto republicano que votó por Reagan
que extraña a su amante que murió de SIDA
el mismo año que el Huracán Mitch
también venía en aquel vuelo.

Y el único caribeño del grupo
un costeño de Orinoco
que regresa a su casa después de pasar ocho meses
trabajando en los cruceros de Disney caribeños
limpiando vómito de niños.

Dos ticos que no pudieron conseguir un viaje barato a San José,
tres empresarios taiwaneses buscando
como invertir en las nuevas maquilas para fabricar ropa,
un investigador de Columbia
que está trabajando en su doctorado
investigando la relación entre narcotráfico y migración
eran también pasajeros.

Tres cachorros de Sandino
con mirada lejana,
y sumidos en los recuerdos
junto a un grupo de amigos que querían
conocer un país exótico y barato,
con el pasapáginas en el capítulo
sobre Granada y su historia colonial
del libro Lonely Planet: Nicaragua.

Dos abuelas que vuelan para pasar las purísimas
con sus nietos en la Colonia Máximo Jerez.
Un padre de familia de Michigan,
que tiene inversiones en las tabaquerías de Estelí,
y cinco jóvenes mitad gringos mitad nicas
que estudiaron en el Colegio Americano
y se graduaron de Tulane University
y que nunca se les ocurriría vivir en Nicaragua.

Dos directores de ONG’s,
una de la Cooperación Española
y otra de la Alianza Francesa
van sentados en primera clase.

Seis estudiantes con becas de la Juventud Sandinista
que estudiaron medicina en Cuba.
Y tres miembros de la UNAB regresando de su cabildeo diplomático en Washington DC Vuelven a Nicaragua.

Viajamos todos felices
en un avión de American Airlines,
que nunca logró recuperar su imagen después del once de septiembre,
el combustible es de Venezuela,
y la comida empacada a bordo la preparó
una empresa en las afueras de Miami
que despide a cualquier empleada que salga embarazada.

Las aeromozas están cansadas
pero todavía les falta completar el viaje de regreso a Miami.

Y después de dos horas y treinta y cinco minutos,
el avión aterriza pero solo algunos aplauden,
y ya nadie grita ¡Viva Nicaragua Libre!
como en otros tiempos.