> Ilustración por Nasma para Revista (Des)Cartable

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Generación ArteFacto:

rebeldía, política y experimentación en el arte nicaragüense

Por juliette

En los años ochenta después del triunfo de la revolución, fue posible el desarrollo de un nuevo arte en Nicaragua.  No solamente a través de medios tradicionales (como pintura o escultura) sino que también hubo manifestaciones contemporáneas (instalaciones, ensambles, arte objetual).   En contraposición a la vieja generación de pinturones del grupo Praxis que ya se autodenominaban los “maestros de la plástica nicaragüense”, nace una nueva generación de artistas. Esta nueva generación estaba más interesada en subvertir las tradiciones de la plástica y experimentar.  Su interés fundamental radica en la crítica y la revisión histórica de Nicaragua; al margen de cualquier preocupación de perfeccionamiento técnico.

En la década de los 90, tras la victoria de Violeta Barrios de Chamorro se introdujeron medidas de estabilización y ajuste económico ordenadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que estaban aplastando a la mayoría de los nicaragüenses. Se recortó el sector estatal, se desarrolló una economía de mercado y se devaluó la moneda, lo que trajo una inflación creciente y niveles alarmantes de desempleo.  A raíz de esto se desarrolló un proceso de atomización de una comunidad artística decadente, se pierden certámenes, foros, murales, talleres y el financiamiento que alguna vez en los 80 impulsó el arte en Nicaragua. También desapareció  el Museo de Arte Contemporáneo Julio Cortázar a manos del INC (Instituto Nicaragüense de Cultura).  Gracias a la falta de interés y presupuesto se deja de participar a nivel internacional. “Vive y arrasa el vacío institucional”, decía Raúl Quintanilla Armijo en su ensayo “Sobreviviendo a la ‘democracia’ en la periferia del culo del diablo”.

Esto representó un retroceso cultural y  “el síndrome del huerfanito” en el gremio. Los artistas plásticos contemporáneos en Nicaragua se cuestionaron “¿Y ahora qué vamos a hacer?”. Dentro de este contexto surge ArteFacto, autodenominada una zona cultural autónoma, basada en un concepto propuesto por Hakim Bey de una Zona Temporalmente Autónoma (TAZ) “regulada solo por la libertad” sin jerarquías ni imposiciones de nada. ArteFacto nace desde una necesidad de hacer algo en lugar de hacer nada ante el vacío imperante en la escena cultural de Nicaragua. Se formó como colectivo que se reunía a conversar y debatir, primeramente conformado por Raúl Quintanilla, Patricia Belli, Juan Rivas y Juan José Robles. Dos años después (1992)  apareció como revista y también surgió la Artefactoría, un espacio alternativo de arte en Managua, que según Quintanilla es un proyecto que trata de acercar el arte a las clases populares.

El primer editor y director de ArteFacto fue Juan Bautista Juárez, luego se le asignó a cada uno de los integrantes la edición de un número distinto, pero nadie hizo su trabajo y así fue como Raúl Quintanilla se convirtió en su editor permanente. La generación de ArteFacto destaca por su actitud confrontativa y radical, diversa en sus manifestaciones y discursos estéticos contemporáneos,  rompe con las generaciones anteriores reivindicando el juego, la burla, el sarcasmo, y por supuesto, la crítica.

ArteFacto no. 20, 2002.

En la Revista ArteFacto convergen literatura, arte, cooltura e inevitablemente, política. La publicación contiene una diversidad de textos desde poesía, cuentos, crónica, reseñas de escritores nicaragüenses y centroamericanos, incluyendo personajes históricos como Rubén Darío, Charles Baudelaire, Gabriel García Márquez, Carlos Martínez Rivas entre algunos otros. En cuanto a las artes visuales está caracterizada por una pluralidad de expresiones contemporáneas que establecen una lectura dialógica entre arte y literatura. Cuestiona y trastoca los cimientos de la cultura tradicional a través de una crítica mordaz. ArteFacto no tiene pasado, no tiene papa, no tiene maestros, no le rinde culto a nadie, y “no se responsabiliza de absolutamente nada”.

Poema de Linda Wong Valle y dibujo de Oscar Rodríguez. ArteFacto no. 1, 1992.

Para 1994 ya existían 10 números de la revista, sin embargo, debido a su crecimiento se volvió cada vez más costosa y disminuyó la frecuencia de publicación, los próximos 10 números serían publicados entre 1995 y 2002. Paralelamente y debido a ésto se crearon dos revistas; Artimaña, autodenominada brazo derecho de ArteFacto; y Artilugio, el brazo literario. Eran baratas y hechas de papel periódico. Artimaña la utilizaron para criticar al Ministerio de Cultura, mientras que en Artilugio se hicieron publicaciones de diferentes escritores.

Dentro del comité central de la revista y colaboradores figuraron muchos personajes, podríamos destacar a los más representativos como: Raúl Quintanilla, Juan Bautista Juárez, David Ocón, María Gallo, Patricia Belli, Teresa Codina, Celeste González, Jacinta Escudos, Octavio Robleto, Beltrán Morales, Aparicio Arthola, Alejandra Urdapilleta, Oscar Rodríguez, Linda Wong Valle, Denis Núñez, Francisco Pico, Luis Morales, Juan Chow, Omar D´León, Alicia Zamora; y el comité internacional: David Craven, Gerardo Mosquera, Joanne Bernstein, Carlos Blas Galindo, Rosina Cazali y Carlos Martínez Rivas.

La Artefactoría fue un proyecto autogestionado en Managua, ubicado en el barrio Monseñor Lezcano, en donde se produjeron numerosas exposiciones de los artistas de la generación de ArteFacto. En la Artefactoría se mostraba un tipo de arte subversivo, político, social, rebelde, híbrido, sin límites ni dogmas y según  Quintanilla Armijo “un tipo de arte carnavalesco”, los artistas hacían lo que querían. 

Es importante mencionar que la Artefactoría tuvo muestras a nivel internacional, como es el caso de Tierra de tempestades. Arte nuevo desde Guatemala, El Salvador y Nicaragua, exhibida en Preston, Inglaterra, curada por Joanne Bernstein, la cual reúne una región que comparte experiencias similares en su historia, ya sean desastres naturales (huracanes, terremotos) como también la guerra; y  Mesótica, una muestra curada por Rolando Castellón y Virginia Pérez Ratton exhibida en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC). 

ArteFacto fue una generación disruptiva que a pesar de las circunstancias de carencia y vacío cultural en Nicaragua, bajo un gobierno neoliberal creó su propio espacio para exteriorizar sus pensamientos, juicios, críticas y posturas frente a los diferentes escenarios que aquejaban a su tiempo y país.